E63: una forma abierta

Tacchini Edizioni se alimenta directamente de la historia de la producción primordial de Tacchini, a partir del mismo humus evocador: con atención y atento respeto a los proyectos y los maestros. Nacen así, casi por gemación, otros proyectos, hijos naturales de los grandes clásicos: pero ya adultos, y capaces de brillar con luz propia. Umberto Riva nos habla de su lámpara E63, recientemente reeditada por Tacchini.

Señor Riva, usted fue discípulo de Carlo Scarpa, y su carrera lo ha llevado hacia los ámbitos disciplinarios más diversos. Háblenos de su trabajo. (U.R.) — Siempre he tenido problemas con el trabajo de arquitecto entendido como punto de contacto inevitable entre artesanos, encargos y costes, que percibo como elementos coercitivos. En ese sentido, me habría gustado ser artista, pintor, para encontrar todo el sentido en el propio trabajo. Pero las cosas han ido de otro modo.

¿Por eso sus proyectos nacen “dibujados”, como esbozos a lápiz? (U.R.) — El dibujo me lo da todo. También cuando investigo primero el tema, es a través de la incógnita de los signos cuando encuentro respuestas, o descubrimientos, o posibles elecciones. Los errores mismos son un alimento para superar los caminos ya investigados, ya usados para encontrar respuestas.

¿Dónde busca la inspiración? (U.R.) — Diría que el paisaje es la fuente inspiradora de todo. Un paisaje en el que se está en armonía y donde no se siente uno como elemento adverso.

Esta lámpara me gusta mucho, y es algo que no me sucede a menudo: la siento como una amiga.

¿Qué hace que un objeto sea deseable? (U.R.) — Una forma se legitima con el uso adecuado del material y a través de la cultura formal y visual que uno lleva consigo.

Háblenos de la lámpara E63, que Tacchini ha vuelto a producir. (U.R.) — Esta lámpara me gusta mucho, y es algo que no me sucede a menudo: la siento como una amiga. Quizás porque tiene detrás mucho de mi historia profesional, mucho del enfoque de mis primeros proyectos. Nace de un concurso de Artemide, yo tenía 35 años. La lámpara tenía que hacerse a partir de un molde de materia plástica, pero tiene una forma abierta, y un molde tiene que ser entero: hacerlo de plástico me habría supuesto mucho esfuerzo, porque no conocía bien ese material, hasta el punto que cuando decidimos reproducir el modelo en plástico utilizamos la fibrorresina, que aporta una luz espectacular y tiene un aspecto exterior pulido, pero en su interior deja entrever toda la textura del material. Y como me resultaba más fácil hacer los modelos en metal, las primeras lámparas las hice de latón. Creo que con el metal, esta lámpara consigue sobriedad de formas, exactitud de ángulos, tensión: características que se obtienen con los materiales rígidos  que no habría conseguido nunca con el plástico. En los primeros modelos, se aprecia aún la soldadura entre las partes, un cordoncito de latón que hacía de elemento de unión. A continuación la soldadura se hizo con láser, una tecnología sofisticada que permite obtener una marca neta.

¿En qué se inspiró para diseñar esta lámpara? (U.R.) — Al principio la lámpara se llamaba Brancusi, porque antes de ser arquitecto era pintor y mi mentalidad era completamente distinta. Por tanto, más que la invención de un cuerpo iluminante, es el resultado de mi cultura figurativa; Edison inventó la bombilla, grandes diseñadores como Castiglioni o Scarpa, sin embargo, crearon las “formas iluminadas”.

¿Cómo nació la colaboración con Tacchini? (U.R.) — Giusi Tacchini vio la lámpara en Bolonia, durante una muestra de arte a cargo de Antonia Iannone. Justo en esa ocasión se habló de la posibilidad de poder reeditarla.

¿Qué quiere ser de mayor, señor Riva? (U.R.) — El oficio de arquitecto ha terminado gustándome. El mundo de la pintura habría ido mejor con mi carácter, porque, como he dicho antes, el enfoque habría sido privado y me habría hecho completamente responsable. Si eres arquitecto o diseñador, hay aspectos que condicionan mucho el resultado final: el cliente, quien realiza el proyecto, un problema económico normalmente bastante relevante, la responsabilidad de entender cuál será el resultado final, el resultado final mismo. Si pintas un cuadro o haces una escultura, tienes el control; cuando realizas una obra de arquitectura, que no nace de un proceso formal privado sino de peticiones precisas, no.

Umberto Riva
T’Journal 8 (.pdf)